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          Armando Palacio Valdés nació en Entralgo, Laviana, en 1853. A los seis meses se traslada con su familia a Avilés, donde residían y donde transcurre su infancia hasta que, en 1865, se instala en Oviedo, en casa de su abuelo paterno, para estudiar el Bachillerato.
          En Oviedo entabla amistad con Leopoldo Alas “Clarín”, Tomás Tuero y Pío Rubín, con los que afila sus primeras armas literarias. Con ellos volverá a coincidir en Madrid cuando, a partir del otoño de 1870, se traslade a la capital para estudiar la carrera de Derecho.
          Madrid será desde entonces su residencia y en Madrid desarrollará una dilatada carrera de escritor, que comenzó como crítico en los periódicos y revistas de la época –fruto de sus primeras colaboraciones en la Revista Europea serán sus libros de semblanzas literarias: Los oradores del Ateneo (1878), Los novelistas españoles (1879) y Nuevo viaje al Parnaso (1879)– y continuó como novelista, tras la publicación en 1881 de su primera novela, El señorito Octavio.
          A partir de esta primera novela, Palacio Valdés se dedica por entero a la narrativa y, en poco más de dos décadas, publica el grueso de su obra novelesca en las que se cuentan un buen número de obras notables: Marta y María (1883), Maximina (1887), El cuarto poder (1888), La hermana San Sulpicio (1889), La espuma (1890), La fe (1892), El maestrante (1893)... Son novelas que lo encumbran en el panorama literario de la época y que, sobre todo a partir de comienzos del siglo XX, le proporcionan homenajes y reconocimientos de todo tipo. A partir de la muerte de Galdós, es unánimemente considerado el Patriarca de las Letras Españolas, título honorífico que obviamente le granjea el respeto del gran público, que favoreció siempre sus obras con ventas muy elevadas.
          Dentro de su abundante producción narrativa, diez de sus novelas tienen a Asturias como escenario; y cuatro de ellas, más concretamente, su concejo natal de Laviana, al que siempre se mostró muy unido sentimentalmente: El señorito Octavio (1881), El idilio de un enfermo (1884), La aldea perdida (1903) y Sinfonía pastoral (1931), más el libro de memorias La novela de un novelista (1921), en que dedica varios capítulos a narrar sus vivencias lavianesas.
          En 1906 fue elegido académico de la Lengua, ocupando el sillón que ese mismo año había quedado vacante con la muerte de José Mª de Pereda. Ese mismo año los universitarios de Oviedo le rindieron un celebrado homenaje en el que participaron figuras como Unamuno, Fermín Canella o un entonces jovencísimo Ramón Pérez de Ayala. A partir de éste, son numerosos los homenajes que en distintos lugares se le rinden: Marmolejo, Valencia, Madrid... y, cómo no, Avilés, que rotula con su nombre una de sus más emblemáticas calles y que inaugura en 1920 un notabilísimo teatro llamado precisamente Teatro Palacio Valdés. A partir de 1925, sus novelas comienzan a ser llevadas al cine, conociendo éxitos tan señalados como el de La hermana San Sulpicio, que ha conocido hasta tres versiones.
          Fue dos veces nominado al Premio Nóbel y sus obras han sido traducidas a los más diversos idiomas.
          Don Armando Palacio Valdés falleció en Madrid el 29 de enero de 1938, en plena guerra civil española, cuando contaba 84 años de edad.